
«Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia». Con estas palabras del salmo podemos resumir lo vivido en la tarde del sábado 29 de agosto en nuestra parroquia de Sonseca. Una iglesia abarrotada de fieles se reunía para celebrar la Eucaristía de acción de gracias y despedida por los diez años de ministerio pastoral de D. José Carlos entre nosotros.
La celebración estuvo presidida por el propio D. José Carlos y contó con la presencia de su madre y de toda su familia, de D. Primitivo, de varios sacerdotes hijos del pueblo y de otros sacerdotes cercanos a nuestra parroquia, así como de los dos diáconos y de casi todos los monaguillos. También quisieron acompañarle amigos llegados de su pueblo natal, La Puebla de Almoradiel, y las Siervas del Corazón de Jesús, que, si Dios quiere, próximamente se incorporarán a la vida de nuestra parroquia. El coro de jóvenes de la Inmaculada fue el encargado de los cantos de la celebración.
La Eucaristía fue ofrecida por el eterno descanso de su padre, Amable, y por todos los difuntos de su familia.
«El Señor me llama a una nueva etapa»
En su homilía, D. José Carlos quiso comenzar saludando y agradeciendo la presencia de todos los que quisieron acompañarle en esta celebración. De la misma manera que Dios llamó a Abrahán y a Moisés: «Sal de tu tierra y ponte en camino a la tierra que Yo te mostraré», así también el Señor le llama ahora a una nueva etapa de su ministerio sacerdotal.
Durante el tiempo de discernimiento, como no podía ser de otra manera, surgieron las preguntas y las preocupaciones: «¿Qué va a pasar con mi madre, que tiene 90 años, y con Sonseca?». La respuesta de Dios fue: «No te preocupes, Yo los cuidaré».
El nuevo destino de D. José Carlos será la parroquia de la Inmaculada, en Villa El Salvador, al sur de Lima, Perú. Se trata de una enorme parroquia de unos 70.000 habitantes en la que actualmente ya hay un sacerdote.
Se marcha con la bendición de nuestro arzobispo y también con la de su madre, que ante la decisión de su hijo únicamente le dijo: «Lo que tú veas». Detrás de estas sencillas palabras se esconde el sacrificio de una madre que entrega a su hijo para la misión. Porque, como recordó emocionado D. José Carlos, «la familia también es misionera».
Diez años de un sacerdocio vivido como un regalo
«¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?». Esta pregunta del salmista sirvió también para expresar su sentimiento al mirar hacia atrás y contemplar estos diez años entre nosotros.
Desde pequeño, recordó, «me sedujiste, Señor». Y desde esa llamada ha querido entregar su vida al servicio de Dios y de la Iglesia. «Ha sido un regalo compartir el sacerdocio estos diez años con varios vicarios parroquiales», afirmó, agradeciendo a todos los sacerdotes que han compartido con él esta etapa.
Pero, sobre todo, quiso dar gracias por haber formado parte de una parroquia viva, una comunidad en la que Dios ha ido derramando numerosos dones.
Entre ellos destacó la ordenación de Germán como diácono permanente y la consagración de Mari Luz como virgen consagrada; la consagración de Pilar en la Congregación de las Misioneras de la Caridad; las ordenaciones sacerdotales de Juan Pablo y José Manuel; los seminaristas que actualmente se encuentran en el Seminario Mayor y Menor; y la Capilla de San José de Adoración Eucarística Perpetua, que ha situado la Eucaristía en el centro de la vida parroquial.
También dio gracias por la próxima llegada de las Siervas del Corazón de Jesús, una nueva presencia religiosa que enriquecerá, si Dios quiere, la vida de nuestra comunidad.
En sus últimas palabras, D. José Carlos pidió perdón por todo aquello que pudiera no haber hecho bien o por las ocasiones en las que no hubiera sabido estar a la altura de su misión.
Se encomendó a San Juan Evangelista, al Beato Fray Gabriel, a la Virgen de los Remedios y, de manera especial, a las oraciones de todos los fieles de la parroquia.
Su última expresión fue profundamente sacerdotal: «Soy un siervo inútil, he hecho lo que tenía que hacer». Que todo lo hecho durante estos años y todo lo que ahora comienza sea siempre para gloria de Dios.
Su oración final resumió el sentimiento de toda la celebración: «Señor, ayúdame. Guía mis pasos. Cuida a mi madre, a mi familia y amigos, cuida a Sonseca que tanto quiero. Amén».
Y concluyó con una petición a toda la comunidad: rezar por el nuevo párroco, D. José Zarco, que continuará ahora la misión pastoral en nuestra parroquia.
«Un pastor con olor a oveja»
Al finalizar la celebración, Germán dirigió unas palabras en nombre de la parroquia. Recordó que toda Eucaristía es siempre acción de gracias a Dios, pero que en esta ocasión se añadían de manera especial la despedida y la gratitud por el ministerio de D. José Carlos.
«La vida de un sacerdote es la de un peregrino», afirmó. El sacerdote siembra en una comunidad y, cuando parte para sembrar en otro lugar, será otro sacerdote quien recoja los frutos de esa siembra.
En nombre de todos, agradeció a D. José Carlos el don de su ministerio pastoral entre nosotros. En las dificultades y en las alegrías, señaló, ha sido «un pastor con olor a oveja, accesible y dispuesto a escuchar».
Germán quiso también hacer memoria de algunos de los frutos visibles de estos diez años: la Capilla de Adoración Perpetua, que va transformando nuestra vida; las peregrinaciones, viajes y rutas que han ayudado a construir la familia parroquial; la dinamización de los distintos grupos; la preocupación por salir al encuentro de quienes están alejados; y la especial atención a los pobres, transeúntes y emigrantes, que ha contribuido a hacer de Sonseca una parroquia más solidaria.
De manera especial, destacó también la preocupación de D. José Carlos por las vocaciones. Sonseca es una parroquia muy bendecida pues cuenta con 20 monaguillos, 5 seminaristas, 2 ordenaciones sacerdotales recientes y 8 sacerdotes vivos hijos del pueblo. «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres».
Gracias, D. José Carlos, por estos diez años.
Después llegaron los regalos de despedida. El Administrador del Patronato hizo entrega a D. José Carlos de una imagen de la Virgen de los Remedios. Rufino, en nombre del Consejo Económico, le entregó un vale para comprar un ordenador portátil. Finalmente, en nombre de todos los fieles, se le hizo entrega de un donativo en metálico destinado a atender las necesidades de la parroquia a la que llega como misionero.
La celebración terminó con una larga y cariñosa ovación. Toda la iglesia, puesta en pie, quiso expresar así su agradecimiento por estos diez años de entrega sacerdotal.
Nos queda ahora acompañarle con nuestra oración en esta nueva misión. Que el Señor bendiga abundantemente su ministerio en Villa El Salvador, que la Virgen de los Remedios le acompañe siempre, y que S. Juan, el Beato Fray Gabriel y el Siervo de Dios D. Martín intercedan por él.
Texto: Marta
Imágenes: Salva Peces de S.










