
La noche del pasado 20 de junio tuvo lugar la Solemne Vigilia Diocesana de Espigas con motivo del 125 aniversario de la sección de la Adoración Nocturna de Quintanar de la Orden. La celebración se desarrolló en la parroquia de Santiago de la Espada y contó con una amplia participación de adoradores procedentes de numerosos puntos de España, entre ellos la sección de Sonseca.
Durante la celebración de la Eucaristía, presidida por el arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, se recordó la centralidad de la presencia real de Cristo en el Sacramento del Altar. En la homilía se destacó que «donde está la Eucaristía hay vida», subrayando que Jesucristo en la Eucaristía es quien convoca y reúne a su Iglesia. Asimismo, se invitó a reflexionar sobre una pregunta fundamental: no tanto «qué es la Eucaristía», sino «quién es la Eucaristía», pues no se trata de una cosa, sino de Cristo vivo que permanece entre nosotros por amor.
También se recordó que la Eucaristía es el remedio contra la soledad, ya que nadie puede sentirse solo cuando descubre la presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento. Del mismo modo, se afirmó que solo quienes adoran a Dios son verdaderamente libres frente a las ideologías del éxito, del poder o del dinero.
La vigilia contó con la participación de secciones procedentes de Sevilla, Valencia, Alicante, Cuenca y numerosos pueblos de la Archidiócesis de Toledo, que acudieron con sus respectivas banderas. Estuvieron presentes, además, el presidente nacional de la Adoración Nocturna Española y el presidente de la Federación Mundial de las Obras Eucarísticas de la Iglesia.
La conmemoración estuvo precedida por un triduo eucarístico de preparación, en el que hubo adoración al Santísimo Sacramento, rezo del Santo Rosario y celebración de la Santa Misa. Predicaron el obispo auxiliar de Getafe, Mons. José María Avendaño; el obispo-prelado de Moyobamba (Perú), natural de Quintanar de la Orden, Mons. Rafael Escudero; y Mons. Ángel Rubio, obispo emérito de Segovia. Sus reflexiones giraron en torno a la Eucaristía como presencia, sacrificio y comunión.
La vigilia comenzó con la acogida de las secciones participantes en el convento de los Padres Franciscanos y la posterior procesión de banderas hasta la iglesia parroquial. Tras la Eucaristía, se celebró una solemne procesión eucarística por las calles de Quintanar de la Orden hasta la Plaza de las Palomas, donde tuvo lugar la tradicional bendición de los campos.
Posteriormente se desarrollaron los dos turnos de vela propios de la Adoración Nocturna, durante los cuales se rezó el Oficio de Lecturas. La jornada concluyó con el rezo del Rosario, los Laudes y la reserva del Santísimo Sacramento. Finalmente, los participantes compartieron un desayuno fraterno antes de regresar a sus respectivos pueblos.
Queremos compartir parte de la oración de los adoradores de esta noche para que no quede solo como recuerdo de una celebración, sino como una invitación a todos a presentarse ante el Señor y ofrecerle la propia vida, junto con las alegrías y necesidades del mundo.
Ante ti, Señor, nos hemos reunido esta noche, acabados los trabajos del día, para presentarte nuestra ofrenda, la ofrenda de nosotros mismos, en un acto de alabanza y de adoración.
Mientras nuestros hermanos duermen, nosotros nos sentimos comprometidos a velar en nombre de la Iglesia, para que tu gloria, Señor, sea sin cesar reconocida, para que el tiempo, en que se desarrolla nuestra vida humana, se convierta, hora tras hora, día y noche, en un cántico de alabanza a ti.
Unidos y comprometidos con toda la humanidad, queremos, una vez más, recoger esta noche -para presentarlos ante ti como ofrenda y oración- los frutos de la laboriosidad de los hombres del campo y de la industria, el esfuerzo de los que luchan, la reflexión de los que estudian e investigan, el holocausto de los que sufren en el cuerpo y en el alma, el amor de las familias, las nobles aspiraciones de los jóvenes, las preguntas de los niños, ávidos de saber.
Que con María, tu Madre, sepamos adorarte y alabarte continuamente, darte gracias por que nos has salvado, y porque aceptas nuestra ayuda, unidos a ti, para salvar al mundo, y porque permaneces, cercano, entre nosotros, como paga y señal de salvación. Amén.
Imágenes y texto: Marta










