
El sábado, 10 de octubre de 2026, un grupo de la parroquia de Sonseca hemos peregrinado a Urda.
Nos hemos reunido a las 15:00 en la parada de "la casa de las cortinas", para subir al autobús que nos llevará hasta el cruce de la N-401 con la carretera de Urda. Desde ahí iremos a pie, unos 8.5 Km., hasta Urda.
Somos cuarenta y una personas en el autobús, de las cuales haremos el trayecto a pie unas treinta, aproximadamente.
También habrá un grupo que llegue por sus propios medios, para la celebración de la Eucaristía.
Hace un día espléndido, unos veinticuatro grados, sin viento, cielo azul, despejado. En los días previos ha llovido generosamente y el aire es limpio; la atmósfera, un regalo para la salud, llena de luz y cálida bienvenida. El ambiente en el grupo es alegre, de fraternidad y optimismo. Un año más, gracias a Dios, peregrinamos al Santísimo Cristo de Urda.
Es la primera peregrinación de Sonseca con su nuevo párroco, don José Zarco.
Hace poco tiempo terminamos nuestra peregrinación a Santiago, que ya hicimos también el año anterior. Hemos peregrinado tiempo atrás también a Urda, Orgaz, y seguimos peregrinando, y lo que nos quede, D.m.
Los perros de caza, cuando salen con sus dueños, al principio, van jugueteando, corriendo, se adelantan, vuelven hacia atrás, saltan buscando las caricias del amo, disfrutan compitiendo con otros perros... pero, llegados al campo, cuando olfatean el rastro de la presa, ya se aplican al suelo y avanzan hasta dar con su pieza. ¿Por qué peregrinamos una y otra vez? ¿por qué seguimos a Cristo? Porque, como perros de caza, hemos olido el buen perfume de Cristo y ya no podemos dejar de seguirLe, de amarle, de hacer lo que nos pida, lo que sea. Bendito sea Dios.
Vamos avanzando en agradable conversación. Se forman grupos, unos llevan un ritmo mayor que otros. Nos pega el sol de costado y de espaldas. Tenemos calor, ha habido que ponerse protector solar. Don José nos cuenta algunas de sus experiencias de su misión en Perú, cómo la Iglesia católica avanza allí, cómo sirve y lleva a Cristo a la gente.
Durante el camino disfrutamos de las bonitas vistas hacia los montes de Toledo, de las extensas llanuras, de los campos, con sus viñas ya sin racimos. Es un día de otoño, y se disfruta de la Creación.
Casi sin darnos cuenta hemos aparecido en Urda. Dos horas nos ha llevado el camino. Se percibe la alegría y el gozo por haber llegado, por entregar un pedazo de nuestro tiempo a compartir y disponernos a adorar a Cristo.
Un breve descanso, y entramos en la Iglesia. Rezamos el Rosario. Celebramos la Eucaristía.
El Evangelio es ya el del domingo, en el que Jesús, también en parábolas, nos habla del Reino de los Cielos, que se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Cómo los invitados se excusan y no acuden a la boda... y los criados salen a invitar a los que encuentren en los caminos, a todos, discapacitados, cojos, lisiados, mancos, ciegos...
Don José, en su homilía, nos compara la peregrinación con lo que es la peregrinación de un cristiano por esta vida; una peregrinación hacia el Cielo, hacia Dios. Cómo somos invitados a un Banquete, a una Boda, a una Fiesta. Muchos se niegan a asistir. Nosotros hemos entrado, hemos dicho sí a la invitación del Señor y somos esos "discapacitados, cojos, ciegos" que, a la vez, tenemos que evangelizar y salir fuera a invitar a otros, a darles testimonio de lo bien que se está en esta Fiesta, en este Banquete, con manjares suculentos, y vinos de solera.
Hay un invitado que ha entrado sin el traje de fiesta, es decir, un invitado que se dice seguidor de Cristo pero sin obras, sin coherencia de vida, por un lado sus creencias y por otro sus obras no acordes al Corazón de Dios.
Ha sido una celebración entrañable. Con el Cristo de la Veracruz ahí arriba, presidiendo la Misa, con el coro S. Juan Pablo II de Sonseca, con el fervor de los peregrinos, con la alegría del Banquete...
Ha habido un momento, antes de La Misa, en que me he fijado en uno de los laterales de la iglesia, en una nave lateral, estaba la carroza del Cristo, en la que es portado cuando sale en procesión. Es una carroza en color oro, propia para un Rey. Tiene cuatro pilares o columnas, rematadas con un techo, que cubren a Cristo cargado con la Cruz, como si fuera el palio bajo el que va Cristo. Peregrinamos y peregrinamos porque hemos olido el buen perfume de Cristo y tenemos que llegar al feliz encuentro con Él. Cada uno de esos pilares nos refieren el camino que nos llevará a tan feliz encuentro.
Pilar uno: Oración, Eucaristía y Caridad. Pilares básicos si queremos avanzar y dar pasos de gigante. No podemos regatear con ésto con el Señor. Tenemos que entrar al Banquete y, además, ir con el traje de fiesta.
Pilar dos: Bienaventuranzas. Ser hombres y mujeres de las bienaventuranzas, imitadores del Corazón de Cristo. Hombres y mujeres maduros y coherentes en su vida de fe, con hambre y sed de justicia, misericordiosos, pacíficos...
Pilar tres: Lectura de la Palabra. Tu Palabra es lámpara para mis pasos, luz en mi sendero. Escuchar la Palabra de Dios y cumplirla.
Pilar cuatro: abnegación, sacrificio, mortificación. "Heme aquí que vengo para hacer, oh Dios, tu voluntad".
Son los pasos y etapas de la peregrinación de la vida hacia la meta del Cielo. Pasos parciales que tratamos de ir dando con nuestras peregrinaciones parroquiales para que nos vayan calando y recubriendo esos "pilares" de la carroza del Cristo de Urda. Que también lleva como ariete en su extremo anterior una gran concha, la concha de una ostra. A veces, las ostras, después de hacerse una herida, y producto de varios años posteriores para curarse de esa herida, han formado UNA PERLA, una perla preciosa, UN TESORO.
Hemos subido a besar el sagrado pie del Cristo, con devoción, con emoción. Y nos hemos traído un maravilloso recuerdo, un reconfortado corazón, todavía nos dura la alegría de LA BODA, DEL BANQUETE.
Gracias a Dios, a los que lo han organizado, a los que habéis venido, a la parroquia de Sonseca.
Texto: Alfonso



