
El pasado día 17 de agosto de 2026 un grupo de peregrinos de la parroquia de Sonseca iniciamos el viaje hacia Vigo, para realizar el Camino de Santiago, el camino portugués desde Bayona (Pontevedra). Somos veintinueve personas, y Ana, la conductora del autobús, que ya nos acompañó el año pasado y, a la que, sin duda, damos las gracias por su entrega y profesionalidad.
Las motivaciones para hacer el camino pueden ser muy diferentes, desde el afán por desconectar del trabajo diario, hacer ejercicio físico, el contacto con la naturaleza, descubrir otros pueblos o ciudades, un objetivo cultural... Nosotros vamos, como principal objetivo, hacer un camino de crecimiento espiritual, de acercamiento al apóstol Santiago, y a Jesucristo.
Un día, tras la sobremesa, tomando un café, estaba san José María Escrivá de Balaguer con miembros de su fundación; y, en un momento determinado, les dice: ¡Pero qué hijos más majos tengo!
A ello, uno de los presentes le contesta: "padre, de tal palo tal astilla".
Y san José María responde: "sí, sí, pero el palo es Dios".
Pues éso es lo que buscamos, ser astillas del palo de Dios, y Dios es Santo. Por éso nos ponemos en camino hacia la tumba del apóstol Santiago, porque queremos ser "astillas del palo de Dios". Para que el apóstol nos ayude e interceda ante Dios por nosotros, y porque ello no es cuestión de un día, sino todo un proceso que abarca nuestra vida entera. El camino no es sino una metáfora de la vida.
Y como creyentes, sabemos que contamos con la ayuda de lo alto, que Él no nos abandonará. Cuando unos griegos le dijeron al apóstol Felipe que querían ver a Jesús, Éste le contestó: "ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre". Parece como si el Maestro eludiera la respuesta. Sabe que no sólo quieren verle sino también estar con Él, ser hombres y mujeres de una pieza, ¡hombres y mujeres "de Cristo"! Y Él les viene a decir que por Él no va a quedar (su muerte en la cruz, su Resurrección, la entrega de la Virgen María como Madre de todos los creyentes, el Espíritu Santo, la Iglesia, los Sacramentos... "Por Mí no va a quedar".
Salimos en autobús desde Sonseca a las 6:30 h. de la mañana. Con mucha alegría, ilusión, ganas de compartir, en ambiente de amistad y fraternidad. Ante nosotros, muchas horas de autobús hasta Vigo, lugar de nuestras dos primeras noches, pero el objetivo bien merece semejante inversión.
Llegamos sobre las 17:30 h. Nos alojamos en la residencia de estudiantes La Florida. Y, enseguida, nos dirigimos andando hacia la Concatedral de Vigo, La Colegiata, donde celebraremos La Eucaristía. La preside don Luis, nuestro vicario, que nos acompaña, haciendo también el camino a pie, como el año pasado. Ponemos en manos del Señor y de María a todo el grupo, y los frutos del Camino.
Vigo es una ciudad grande, larga, con zonas verdes, con mar, con playas, con el monte del Castro y su fortaleza, con actividad industrial... Y cuentan que con un buen índice de felicidad en el ranking de las ciudades españolas. Me hace recordar dónde pone Jesús el índice de felicidad... las Bienaventuranzas. Dichosos, felices, los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran -nosotros vamos a sufrir un poquito andando, de media, unos 20 km diarios hasta Santiago-, los que tienen hambre y sed de salvación, de santidad -y éso es lo que nos mueve en esta empresa, como ya decíamos, ser astillas del palo de Dios y Dios es Santo-...
Día 18, martes, primera etapa. El autobús nos lleva a Bayona para empezar ahí el camino. A las 8.30 empezamos a andar, desde el puerto. Viendo la carabela "La Pinta", y gran cantidad de barcos amarrados. Ha amanecido un día espléndido, despejado, nos advierte que vamos a pasar calor. Vamos bordeando el mar, viendo las playas de Bayona, atravesamos un puente romano... Efectivamente, resulta siendo una jornada de mucho calor. Se nos llega a hacer un poco larga por eso y el cansancio de alguna que otra subida. La playa del Samil, el barrio de Coruxo, donde termina la etapa. Comemos en asador Mondariz (amigo, llénate de paciencia porque el servicio va lento y tardaremos horas hasta terminar de comer). Por la tarde, el autobús nos lleva, de nuevo, a Bayona para celebrar Misa en la Iglesia de Santa María, que tiene una imagen que llama la atención. La de una mujer crucificada como Jesucristo, es la patrona de Bayona, santa Liberata (pues sí, una mujer crucificada y es santa "Libertad", porque "donde está el Espíritu de Dios hay libertad"). Bayona, la Virgen de la Roca, el puerto, La Pinta, santa Liberata, el mar, entre amigos, entre peregrinos, por el santo, la paz, cansados... y ¡qué descanso!
El día 19, a las 7:45 el autobús nos lleva hasta Coruxo para empezar la segunda etapa hasta Redondela. Caminamos desde la playa del Samil en Vigo, atravesando toda la ciudad, con una temperatura que no tiene nada que ver con el día anterior, nublado y unos diecinueve grados. Afrontamos algo de pendiente ya a la salida de la ciudad, lo que nos permite tener una bella vista de la ría de Vigo y, poco a poco, nos iremos adentrando en el campo, con esa vegetación verde, con numerosos árboles, lleno de vida. Aunque larga, resulta una etapa más fácil por la bondad del tiempo y la temperatura. Contemplamos en Redondela el río Alvedosa, un parque tranquilo con árboles altos y buena sombra. Celebramos la misa por la tarde, en la parroquia de Santiago, en pleno camino de Santiago, de estilo gótico tardío, del S. XVI.
En la tercera etapa, de unos 18 km., partimos desde Redondela hacia Pontevedra. En Galicia, los paisajes son preciosos, domina el color verde, con árboles impresionantes, muchos eucaliptos, castaños, pinos, robles... Aquí nos sorprenderá, aunque estábamos avisados, la lluvia. Chubasqueros, impermeables, paraguas... y, hacia adelante, sin miedo. La temperatura es perfecta y no hace viento. Es una bendición. En algún tramo nos toca caminar sobre piedras mojadas; hay que tener precaución para no resbalar. En la tarde, celebramos la misa en el convento de S. Francisco de Pontevedra. Nos alojamos en una hospedería en Poio, a unos km. de Pontevedra.
Viernes 21, cuarta etapa, desde Pontevedra a Caldas de Reis, 23 km. Tiempo y temperatura perfectos. Disfrutamos del camino, del paisaje, de la compañía, del silencio... Es, quizás, la etapa que se nos hizo más corta, sin dificultades ni grandes pendientes. Caldas es famosa por sus aguas termales, donde alguno de nosotros introdujimos los pies cansados, percibiendo el calor del agua. Anduvimos por el puente romano sobre el río Umia. Tiene también un jardín botánico, donde aprovechamos para descansar un poco.
Sábado, día 22, de Caldas de Reis a Escravitude pasando por Padrón, unos 25 km. Me repito, las condiciones del tiempo son perfectas, quizás los últimos km con algo más de calor. También algo más cansados por la longitud de la etapa, ya que se prolongó para tener menos km. al día siguiente, ya camino de Santiago. Al paso por Padrón, dejamos a un lado un cementerio donde está la tumba del premio Nóbel Camilo José Cela. Hay también un parque que tiene en uno de sus extremos un busto de Cela y en el otro, uno de Rosalía de Castro, hijos del lugar. Pasamos a la Iglesia de Santiago, en reformas de su presbiterio, y donde se encuentra el pedrón en que se amarró la barca donde llegaron los restos del apóstol Santiago. Aquí celebraríamos la Eucaristía por la tarde.
Cruzamos las aguas del río Ulla a través de un puente ya reformado, pero cuyas bases fueron romanas. El río Ulla es frontera natural entre las provincias de Pontevedra y la Coruña. Y de ahí son los famosos pimientos de Padrón -que unos pican y otros no-.
Y llegamos a la última etapa del camino, desde Escravitude a Santiago. Había que salir temprano, para poder llegar a la Misa del peregrino en la Catedral, a las 12. de la mañana. Salíamos andando a las 6:30, es de noche, cuando salimos al campo no se ve. Hay que encender las linternas de los móviles. Empieza a llover, una lluvia fina. Nos perdemos, nos hemos salido del camino. Nos damos cuenta porque, conforme avanzamos, ya no vemos las clásicas flechas amarillas que nos indican el camino. Volvemos por donde hemos venido, quizás un km más o menos, hasta enlazar, de nuevo, con el camino bien indicado. Ya amanece y es más fácil seguir la senda. Nos llueve a ratos. ¡Qué cerquita estamos ya del santo! Ya no hay adversidad que nos prive de la alegría y la paz que da llegar al final del camino, a Santiago, a la plaza del Obradoiro, a la Catedral de Santiago. Da pena que esto se acabe, que mañana no tenga que caminar con mis amigos, y ante la providencia del Señor... Abrazos entre unos y otros en la plaza, enhorabuenas, emoción, mucha emoción. ¡Estamos aquí! ¡Hemos llegado! Después de entrenamientos, dolores, cansancios, fatigas, alguna pequeña lesión, calor, lluvias, salidas del camino...
Hacemos fila para entrar en la Catedral, al Misa del peregrino, a las 12 de la mañana. Concelebra la Misa don Luis. Peregrinos de España, de Portugal, Italia, América del Sur, ingleses... Todos para adorar a Dios, dar el abrazo al apóstol, pedir su bendición, ofrecer sacrificios, dar gracias, pedir favores...
Hemos dado el abrazo al apóstol. Ya lo hicimos, algunos de nosotros, el año anterior. Si Dios quiere, y ya con añoranza, deseamos volver el año próximo.
Queridos amigos, como ya os decía, apenas recuerdo palabras del apóstol Santiago en el Evangelio. Pero sí recuerdo las de su madre, pidiendo a Jesús que en el Reino de los Cielos se sentaran sus hijos uno a su izquierda y otro a su derecha. ¿Sois capaces de beber el Cáliz que Yo he de beber? -Lo somos. En cierto sentido, Jesús, les está haciendo la misma pregunta que después hará a Pedro. -Pedro, ¿me amas?
La prueba de que alguien te quiere es que sufre por tí. Jesús le pide a Santiago una prueba de su amor, ¿sois capaces de beber el Cáliz que Yo he de beber? Santiago amó a Jesús hasta la muerte. "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos".
Vosotros, queridos amigos, habéis dado pruebas de que amáis a Dios. Por Dios esta peregrinación, el entrenamiento, la adversidad, el calor, la lluvia, perdernos por el camino, la fatiga, el cansancio, el dolor. Aún no hemos dado la vida.
¡Ánimo, chicos, ánimo! ¡A seguir! Hay que seguir creciendo... Ser hombres y mujeres de Cristo. Ser astillas del palo de Dios.
A Santiago, peregrinos del camino, que Él nos lleve hasta el Maestro, a la eternidad.
Y, cómo no, hay que destacar la unión entre nosotros, porque como os dije, "podrás olvidar con quien reíste, pero jamás olvidarás con quien lloraste". (Nosotros, creo, sólo hemos llorado de emoción, cuánta emoción, pero aquí asimilo el llanto al sufrimiento, al cansancio, la fatiga, el dolor...).
Cómo puede todo haber pasado tan rápido, en un abrir y cerrar de ojos. Si Dios quiere, volveremos, porque el apóstol nos ha declarado sus amigos, y el amigo añora la presencia del amigo. ¡Qué te veamos, Santiago! ¡Qué te veamos, Maestro!
Muchas gracias a Jesús y a Marisol, que se han llevado el peso de la organización de esta peregrinación. Y a don Luis, por su paciencia, por sus celebraciones, por su entrega y esfuerzo, por su ejemplo. ¡GRACIAS!
Texto e imágenes: Alfonso










