
El 20 de diciembre de 2025, la parroquia de Sonseca ha realizado la ruta a pie desde Sonseca a los Cantos de Juanelo y Casalgordo.
Nos hemos reunido un grupo de diez personas, en la proximidad de la Iglesia parroquial, a las nueve de la mañana, para iniciar nuestro camino.
Lo primero hemos hecho una oración, poniendo el día en manos de Jesús y María.
Ha amanecido un día nublado. Apenas media hora antes, llovía con fuerza, pero después ha parado. Ahora, cuando vamos a empezar, aunque siguen las nubes, parecen más claras y sin un cierto riesgo de lluvia. Así que nos lanzamos unos valientes a completar una ruta más de las que organiza el grupo Santa Teresita de nuestra parroquia. Nos acompaña nuestro párroco, don José Carlos.
Nos dirigimos por la calle Orgaz, yendo hacia el sur, dejando a la izquierda la plaza de toros, cogemos el camino de Orgaz. El Señor siempre nos acompaña, el camino está firme, la temperatura es agradable, el campo empieza a echar sus primeros brotes verdes, «HAY VIDA!! «YO SOY LA VIDA» ¡Y NO OS DEJARÉ NUNCA!!
En apenas una hora u hora y media, hemos llegado a una zona dentro del paraje de «Fuente Techada», entre Orgaz y Sonseca, donde están los restos que han quedado de los Cantos de Juanelo. Eran enormes bloques de granito que fueron extraídos en el Siglo XVI en esta cantera, destinados a un proyecto de Felipe II que nunca se completó. Así quedaron abandonados durante siglos hasta que fueron reubicados en el Valle de los Caídos entre 1953 y 1954, no sin dificultades logísticas por su enorme peso (52 toneladas cada una). Se convirtieron en monumentos históricos y un punto de interés cultural. Deben su nombre al ingeniero renacentista Juanelo Turriano, que mostró interés en estas piedras, intentando darles uso en sus proyectos, logrando mover tres hacia Nambroca y dejando una en la cantera. Fue un genio del Renacimiento, conocido como el «Leonardo da Vinci» español, que también diseñó el «artificio de Juanelo» para subir agua desde el río Tajo a Toledo.
El pueblo de Sonseca salió masivamente a ver cómo los cantos de Juanelo eran conducidos por grandes camiones que no avanzaban a más de 10 Km/h. Y creó una copla para la ocasión: «Los cantos de Juanelo/ ya van andando/ llegarán a su sitio/ sabe Dios cuándo».
Es día 20 de diciembre, a punto de comenzar el invierno y, por momentos, negros nubarrones en nuestro horizonte. Como en nuestra vida de hoy, en la que, también, nos rodean oscuros nubarrones. Como sociedad, no sabemos qué rumbo llevamos, adónde nos dirigimos, se nos oculta nuestro destino, por el que jugarnos la vida.
Pero tenemos muy cerca LA NAVIDAD, el nacimiento de Dios en Belén, que viene a despejarnos la vida de nubes y oscuridades, que dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», «el que cree en Mí no morirá para siempre». Y de las arenas movedizas que suponen la desorientación de nuestra sociedad actual, hemos pasado a «los Cantos de Juanelo», es decir, a la exclamación de Jesús: «Yo soy vuestra Roca», Yo soy el auténtico cimiento de vuestra vida, «¡Construid vuestra casa sobre Roca!», «Yo soy la Piedra angular que deja ensamblado todo el edificio». «El Señor es mi Roca y mi Salvación».
¡Y cómo ha cambiado el color del día en nuestro corazón! Hemos salido con las dudas de que podíamos mojarnos y nos hemos encontrado con las certezas de «los Cantos de Juanelo», con la solidez de nuestra «Roca» que nos grita: ¡No tengáis miedo! ¡Yo estoy con vosotros! Entonces: ¿a quién temeré?
También estas piedras me han traído a la memoria un viejo poema que dice: «Lo que no logres hoy/ quizás mañana lo lograrás/ No es tiempo todavía/ Nunca, en el breve término de un día/ madura el fruto/ ni la espiga grana/. No son, jamás, en la labor humana/ vano el afán ni inútil la porfía/. El que, con fe y valor, lucha y confía/ los mayores obstáculos allana/. Trabaja y persevera/ que en el mundo nada existe/ rebelde e infecundo/ para el poder de Dios o el de la idea/. Hasta la estéril y deforme roca/ es manantial cuando Moisés la toca/ y estatua cuando Fidias la golpea.»
Fue en Meribá donde Dios hizo brotar agua de la roca, cuando el pueblo de Israel caminaba por el desierto, durante el Éxodo, hacia la Tierra Prometida. Aún habiendo presenciado las maravillas de Dios, se quejó a Dios y a Moisés de que les habían sacado de Egipto para morir de hambre y sed. Fue una prueba de fe para Israel. Hasta Moisés (el hombre más humilde y manso sobre la faz dela Tierra) tuvo sus dudas… Fue por ésto que murió en el monte Nebo, viendo la Tierra Prometida pero sin entrar en ella. Pero, sin duda, sí entrando en la Tierra Prometida del Cielo.
Ahí, donde están los Cantos de Juanelo, hemos reposado un momento, hemos repuesto energías, realizado algunas fotos, y hemos salido «fortalecidos».
Hemos seguido caminando, ahora hacia el suroeste, hacia Casalgordo. Comentando anécdotas, luchas de la vida… Hemos dejado a un lado otra piedra, ésta un machón al borde del camino, que nos ha recordado los machones con flechas amarillas que nos indicaban la ruta a seguir durante el Camino de Santiago que hicimos este verano. Ese camino ha sido para nosotros un referente, una marca en el corazón. Hacernos amigos del apóstol Santiago; él nos pondrá a buen recaudo durante el camino de la vida.
Ya estamos en la ermita de Casalgordo. Está abierta. Está allí un seminarista que acompaña a un grupo de jóvenes durante un retiro en el albergue. Él nos ha dirigido la oración del Ángelus.
¡Y cómo de fortalecidos regresamos hacia el pueblo de Sonseca! Como os decía, salimos con dudas ante una pequeña amenaza de lluvia, pero volvemos sólo con certezas, con una fuerza «especial», con una inmensa «alegría», que no puede sino recordarme…
«Al ir, iban llorando,
llevando las semillas,
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas».
¡Cómo me hubiera gustado haberlo vivido con un grupo más numeroso! Pero, con esta experiencia, estoy seguro, que lo mejor, está por llegar.
Queridos amigos: ¡FELIZ NAVIDAD!






Texto y fotos: Alfonso



