Hemos ido al Cenáculo

Mar 2, 2026 | Actividades

El 28 de febrero de 2026, sábado, hemos hecho una nueva ruta parroquial a pie. Esta vez hemos ido a la Sierra de Los Yébenes. ¡Qué bonita experiencia!

Nos hemos reunido en la zona de aparcamiento, detrás de la Iglesia parroquial, a las nueve de la mañana. Un grupo de treinta y una personas. Viene con nosotros don José Carlos, nuestro párroco.

Nos hacemos una foto de grupo.

Comenzamos con una oración inicial, de entrega del día, puesto en manos del Señor. Nos comenta don José Carlos sobre la primera Lectura de hoy, del Deuteronomio, en la que el Señor, nuestro Dios, nos manda cumplir sus mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.

Es nuestra plena realización y nuestra felicidad. Nos lo pide el Señor, que nos ama.

Danos tu fuerza, Señor, para cumplirlos. Tú conoces todo, Tú conoces nuestro corazón. Danos tu fuerza, y hágase tu voluntad.

Nos distribuimos en coches para dirigirnos al punto de partida de la ruta, que está a unos 15 km, en el punto más alto de la antigua carretera que llevaba a Los Yébenes.

Cómo no alabar y dar gracias a Dios, que nos vuelve a regalar un día espléndido para caminar. Cielo azul y despejado, una temperatura magnífica, una ligera brisa, en parajes más abiertos nos da un viento algo más frío, pero nada inquietante. Es un día de invierno, con un color pleno de verde en la naturaleza, con los almendros ya florecidos, nos movemos entre pinos, encinas, retamas, esparragueras y senderos estrechos con piedras pues, no en vano, vamos por la parte alta de la sierra.

¿Y qué decir del ambiente? Un ambiente distendido y fraternal, que invita a no querer terminar, a repetir una vez más y otra y otra.

Hemos llegado a una zona denominada Montón de trigo, donde pudo haber un poblado de la Edad del Bronce. Ahí había una zona algo excavada y un montón de piedras.

De ahí, al nacimiento del arroyo La Peña. Hemos visto sí un agujero perforado en la piedra, pero ahora seco. Hemos repuesto energías, descansando un poco y comiendo alguna fruta.

Hemos llegado a la ermita de San Blas, en cuyos alrededores, se celebraba la tradicional romería. Si bien suele hacerse el día tres de febrero, por el mal tiempo se postergó para el día de hoy.

Andando y andando, también cansados, pero bendito cansancio, hemos subido a los molinos. Hay dos molinos. Se ve uno ya descuidado, con las aspas recortadas bastante por la erosión del viento, el sol, la lluvia… y otro que, al menos visto desde fuera, perfectamente cuidado, pintado de blanco, con sus aspas negras en perfecto estado y con un enorme palo de gobierno igualmente lustroso.
Y aquí quiero pararme, quiero atraerte, abstraerme, y soñar, soñar, tú me dirás si una realidad.

Los hombres de antaño qué listos eran, qué ingeniosos. Quiero que nos fijemos en el funcionamiento de uno de estos molinos de viento antiguos. Deja volar tu imaginación, olvídate de miedos e inquietudes, ven conmigo a… disfrutar.

El molino tiene una caperuza o techo cónico al que va incorporado un eje con sus inmensas cuatro aspas. En la parte alta del cilindro blanco se ven unas ventanas que se abrían al ir a empezar los trabajos para ver a través de cuál de ellas entraba más fuerte el viento, de forma que así podían orientar las aspas en la dirección más favorable, en la que el viento las moviera más fácilmente y con más fuerza. Porque la caperuza es móvil. Puede moverse a partir del palo de gobierno, para lo que se necesita la fuerza de varios hombres o bien tirado por animales.

Un día… abrieron las ventanas y… de pronto, "entró un viento impetuoso"…

Al moverse las aspas con su eje, éste transmite su movimiento a la rueda catalina, que se mueve en sentido vertical, con alrededor de cuarenta dientes, que van a articularse con los huecos que deja otra rueda más pequeña, de unos ocho dientes, llamada linterna. Por cada vuelta completa de la catalina daba cinco vueltas la linterna. Ésta hace que se mueva una gran piedra llamada muela volandera sobre otra piedra, la piedra solera. Entre ambas se deposita el grano, que cae por una especie de embudo llamado "la tolva", para ser molido y hacerse fina harina blanca, cayendo por un tubo hasta el costal. Después con esa harina haremos el pan.

Qué bello símil, qué bonita alegoría…

Jesús, nuestro Señor, es el molinero, es el molino, es el grano de trigo, sobre el que baja un Viento impetuoso, que es molido, que se hace molienda, triturado por un loco amor, se hace harina blanca… y…PAN !!!

Yo soy el Pan bajado del Cielo. El que coma de este Pan, no morirá para siempre…
Y Él, en su inmenso amor, hoy, un día de invierno lleno de luz, cálido en fraternidad, nos ha traído hasta aquí, al Cenáculo, sí cerrado; para decirnos que nos preparemos para un Pentecostés de máximos, que llegará pronto, después de la Pascua.

Él sí, en su inmenso amor, es el Molinero y el Molino, que nos invita a estar ahí en Pentecostés, cuando abrirá las ventanas y entrará… UN VIENTO IMPETUOSO, que quiero transformarnos porque nos ha hecho también trigo. Nos recogerá con mimo, con ternura, nos abrazará, nos besará, ¡cuánto le duele al Señor la muerte de sus hijos!, permitirá que, bajando por la tolva -"vosotros entrad por la puerta estrecha"-, seamos molidos entre la muela volandera y la solera, nos hagamos molienda, harina y… pan.

Y así seremos como Él quiere. "Te pido por ellos, Padre, para que todos sean uno… como Tú y Yo somos uno… Padre, Tú en Mí y Yo en ellos…

Queremos sí, como en el Deuteronomio, acatar y cumplir tus mandamientos, con amor, con convicción, sin dudas y sin miedos… porque Tú quieres estar en nosotros, nos amas y nos proteges… y, nosotros queremos hacer tu voluntad y… donde Tú nos lleves pues, allí ir. Hacernos trigo… como Tú, ir al molino, ser acariciados por el Molinero, bajar por la tolva, ser molidos, ser harina, ser pan… ¡ser pan! Lo que Tú quieras, Dios mío, lo que Tú quieras.
El molino es capaz de transformar la energía eólica en energía mecánica que tritura y muele el grano, transformándolo en harina, para luego hacer el pan.

El molino, el Cenáculo, es capaz de transformar hombres frágiles y miedosos, a través de un Viento Impetuoso, en hombres sin complejos, atrevidos, osados, valientes… hasta ser trigo, harina y pan… ¡otros cristos!, mi querido amigo…¡otros cristos!

¡Qué no caiga en saco roto!

Gracias a Dios, a los que lo han organizado, a todos los que habéis venido. Qué Dios os bendiga.

Texto e imagen: Alfonso

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