
Hoy, sábado, veintiocho de marzo de 2026, víspera del Domingo de Ramos y antesala de la Semana Santa, hemos realizado una nueva ruta parroquial a pie.
Nos hemos reunido, a las nueve y cuarto de la mañana, en la ermita de San Gregorio. Nos han abierto las puertas de la ermita, y ahí hemos rezado nuestra oración de entrega a Dios, poniendo en sus manos el día y el esfuerzo de la ruta. Nos acompaña como sacerdote don Ignacio.
Somos veintiuna personas, dispuestas a afrontar andando estos diecisiete o dieciocho kilómetros con alegría, con firmeza y esperanza, en un compartir de sensaciones y experiencias.
El Señor nos bendice, una vez más, con un día despejado, lleno de luz, lleno de contrastes de color, como diciéndonos: ¡ánimo, adelante, no tengáis miedo, Yo voy con vosotros!
A primera hora hay que abrigarse porque corre un ligero viento frío, nada que suponga una seria dificultad.
Nos hacemos una foto del grupo y comenzamos nuestra ruta. El ambiente es distendido, alegre, fraterno.
Dejada la ermita de San Gregorio, hemos cruzado la vereda de la gitana, en dirección oeste, adentrándonos en el camino de los monteros. El campo está precioso. Ha llovido con generosidad este otoño-invierno. Se ven extensas áreas de hierba verde, sembrados, olivos, campos arados.
Nos desviamos hacia la derecha, tomando el camino del Rey, en dirección aún hacia el oeste. Después el camino de las Encinas, entornando más hacia el sur, y el camino del Común. La vegetación se hace más densa, con muchas encinas. Se divisa muy cerca la sierra del Castañar y los montes de Toledo. Llegamos cerca del arroyo Guajaraz. Hemos podido ver el discurrir calmado y limpio del agua en busca de dicho arroyo, lo que nos transmite paz, gozo.
Hablamos de las nuevas circunstancias que nos rodean, las guerras que no cesan, del trabajo, de los precios.
Hemos parado un momento a reponer fuerzas. Continuamos por el camino del Pelicano, pendiente ascendente, el viento ahora de cara, en dirección este. Con ímpetu y sin dudas. Camino Ajofrineros, con olivos llenos de vida y majestad. Empezamos a ir ya hacia el noreste, para volver a tomar el camino del Rey, de los Monteros y llegar a nuestro punto de partida en la ermita de San Gregorio, tras cuatro horas de compartir pasos, conversaciones y cálida amistad.
Efectivamente, como se leía en el cartel anunciador de la ruta, hemos realizado un camino CIRCULAR, con salida y llegada al mismo punto. Ésto, fuera de contexto, cuando alguien da una vuelta o varias y llega al mismo punto de salida, podría llegar a pensarse que hemos hecho una tontería, una pérdida de tiempo; como alguien que girara sobre sí mismo, como un pensamiento que nos da vueltas, del que no sabemos salir, como pasa a las personas obsesivas, o las que no paran de pensar en sí mismos... Un camino CIRCULAR.
Es circular muchas de las experiencias de la vida, como la sucesión de las estaciones -así, ahora, hemos vuelto a la primavera-, actividades del día a día -salgo de casa al trabajo y vuelta a casa-, el entrenamiento de los deportistas, cuando hemos fallado en alguna cosa y volvemos a empezar...
Y también hay una circularidad en la vida espiritual, en la vida de la fe. Aunque, en sentido estricto, más que una circularidad debiéramos decir espiralidad, más que describir un círculo lo que describe es una espiral ascendente, ya que aunque se vuelve al mismo punto se vuelve a otra altura, a otro nivel, que, ojalá sea más alto.
Así, leía en cierta ocasión cómo la apertura del corazón a las Bienaventuranzas, ser pobres de espíritu, mansos, corazón contrito, tener hambre y sed de justicia..., tratar de entenderlas y practicarlas, nos hacía receptivos al Espíritu Santo -a la vida del Espíritu Santo en nosotros-. El Espíritu Santo se siente atraído hacia esa vida, hacia esa persona. Viene a esa persona y le da capacidad para entender y practicar mejor las Bienaventuranzas. Y así vamos entrando en esa espiral ascendente, en ese camino ascendente que es la vida cristiana.
Y, por si alguien aún se sintiera convencido de que la ruta que hemos hecho hoy, al ser circular, es una tontería... FÍJATE !:
Jesús, mañana, Domingo de Ramos, va a hacer una ruta circular. Y, seguramente, volvió a hacerla al día siguiente y al día siguiente... Ya el Jueves Santo no se lo permitiríamos...
Jesús, el Domingo de Ramos, salió de Betania, el pueblo de sus amigos, de Marta, María y Lázaro. Betania quiere decir "pueblo del pobre, pueblo de la aflicción y pueblo de los frutos". Salió de Betania, se encaminó hacia Jerusalén, subió a un burro e hizo una entrada triunfal, siendo recibido como un profeta. ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Con palmas, ramos de olivo, camino alfombrado.
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí"
Llegada la noche, las puertas están cerradas, nadie recibe a Jesús y sus apóstoles. Nuestros corazones también están cerrados, hemos adorado, alabado, contemplado al Rey pero no le dejamos entrar. No nos vaya a exigir demasiado y pierda mis privilegios, mis caprichos y aquello que me hace la vida "más agradable". Además, recibir huéspedes siempre supone inconvenientes y trabajos. Le cierro la puerta.
Al anochecer, Jesús se tiene que volver a Betania, a casa de sus amigos, a la "casa del pobre, de la aflicción, de los frutos".
El lunes volverá a hacer el mismo camino, y el martes. Un camino circular.
No nos equivoquemos, no es un camino circular. es una ESPIRAL ASCENDENTE. Cristo está cada vez más cerca del Padre. Y los que van ascendiendo en un camino espiritual ascendente es Betania, porque siendo pobres de espíritu, afligidos -de espíritu contrito-, con hambre y sed de justicia..., Jesús les va dando, cada vez, un mayor parecido con Él mismo.
Seguro que Jesús esos días, a sus amigos de Betania, y al estar tan próxima su muerte, les abriría aún más su Sagrado Corazón, sus sentimientos, su ternura, su paz, su Alma, les abrazaría entre sus brazos. Seguro que hizo la experiencia de reunirles como una gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y ellos SÍ quisieron. Y ya no se atreverían más a ofender a Dios, a darle la espalda, porque, para ellos, éso ya sería la mayor de las traiciones y la mayor de las tristezas y depresiones. Éso sí que sería morir.
Y Jesús salió de nuevo de Betania el Jueves Santo hacia Jerusalén, pero ya no volvería. Sus amigos de Betania seguro que fueron a celebrar la Pascua a Jerusalén, a verle, a estar con Él. Al oir las noticias que se difundían, al verLo cargado con la Cruz, camino del Calvario, al verlo clavado en la Cruz, no podrían dejar de romperse, quedarse exhaustos en sus fuerzas, percibirse como en un "sin sentido".
Se da una espiral ascendente. Jesús sube hacia el Calvario y sube hacia el Padre.
Yo creo que los amigos de Jesús también subieron en su camino espiritual. Jesús les subió hasta la cumbre, hasta la santidad, por ser de Betania, por ser pobres de espíritu, afligidos, con hambre y sed de justicia, por ser hospitalarios y abrirLe siempre sus puertas.
¿Y nosotros? ¿Y tu corazón y el mío? ¿Queremos ser de Betania o de Jerusalén?
¡VAMOS! ¡Ojalá no hayamos hecho una ruta circular sino una espiral ascendente! Por Jesús no va a quedar.
¡Qué abramos nuestro corazón a ser BETANIA!
Gracias a Dios, a los que lo han organizado, a los que no han podido venir.
Qué tenga una Santa Semana Santa.
Fotos y texto: Alfonso









