
El 25 de abril de 2026, hemos realizado una nueva ruta a pie, organizada por la parroquia, por la vereda del fraile.
Nos hemos reunido un grupo de treinta personas en el aparcamiento de detrás de la iglesia, a las nueve de la mañana. Nos acompaña don Ignacio. Lo primero, una oración de entrega al Señor, que nos ayude y proteja en este día y en esta marcha.
Nos hacemos una foto de grupo. Nos distribuimos en coches para ir por el camino del portachuelo hasta el Quinto de San Martín, y ahí empezar la ruta.
Ha llovido durante la noche, pero ahora el cielo empieza a despejarse y el pronóstico no augura lluvia. Apenas hace viento, la temperatura es ideal y cómo no pensar que la divina Providencia dispone para nosotros, una vez más, las condiciones perfectas para emprender esta aventura.
El ambiente entre nosotros es de camaradería, alegre, entusiasta y con muchas ganas de disfrutar.
En la salida, ya caminando, hemos vuelto hacia atrás unos metros, para dirigirnos hacia la casa de la estrella y ahí empezar la vereda del fraile en sentido oeste hasta el Quinto de San Martín. En total, andando, haremos unos catorce kilómetros.
Llevamos un camino ancho. El campo está precioso. Se ven grandes extensiones de siembras verdes, llenas de vida. Dejamos, al lado, una granja de ganado vacuno, con los animales al pie del camino, por lo que pasamos con cuidado y prudencia. No había vallado de protección. Seguimos ascendiendo y ya empiezan a rodearnos muchas encinas.
Vamos hablando, compartiendo experiencias y anécdotas, disfrutando del día y de la compañía. Nos adentramos en un paisaje ya mucho más denso, de encinas, retamas, jaras que empiezan a florecer, cantuesos con su color violeta -parecidos a lavanda-, el camino se convierte en una vereda estrecha que nos obliga a ir de a uno. Llegamos a la Casa de la Estrella, después de unos siete kilómetros. Aquí paramos a recobrar fuerzas y comer algo energético.
Qué alegría poder disfrutar de un día así, en la naturaleza, verde, de primavera, después de unas lluvias que le han dado vida, en paz, amistad, compartiendo, "por la vereda del fraile". A muchos no se nos va a olvidar. Sí, con esfuerzo, cierto cansancio, pero con mucha luz. El cielo se ha vuelto azul, la vegetación espesa, algún tramo de sube y baja. ¡Qué bueno es vivir!
La vereda del fraile se llama así porque era utilizada por frailes franciscanos, en la época medieval, para ir desde el convento de El Castañar hasta el monasterio de San Pedro de la Mata. En ese convento llegó a estar el Cardenal Cisneros, que después sería también regente de España, confesor de Isabel la Católica y arzobispo de Toledo.
Ahí, en medio de la naturaleza, entre encinas, jaras, enebros, acebos, retamas, el cielo, el aire, el sol, cómo no sentir la maravilla de la Creación y alabar a su Autor. Esto me ha llevado a pensar en otro suceso que ha ocurrido recientemente en nuestra historia, hace unos días. Me refiero a la misión de La Nasa, la Artemis II, tripulada por cuatro personas, para demostrar que el hombre sigue pudiendo viajar a la luna y, en este caso, poder ver su cara oculta. Queremos ver la cara oculta de la luna.
A los hombres nos mueve las ganas de felicidad, de libertad, de afectividad, de conocimiento y sabiduría, de paz.
La nave espacial Orión, que llevaba a esos astronautas, dio dos vueltas a la órbita de La Tierra, para después dirigirse a la luna, rodearla, ver su cara oculta, y poner, de nuevo, rumbo a nuestro planeta. Para todo ello, usaron la fuerza de atracción de La Tierra, como la fuerza de atracción de la luna, para ahorrar en combustible.
En el universo existen unas leyes fisicomatemáticas que rigen el movimiento de los planetas, que describieron Newton y Kepler, pero que ellos no las hicieron, sino que esas leyes ya estaban ahí. De ésas mismas se han valido para la misión de la Artemis II.
Han podido observar La Tierra desde fuera, desde el universo, han contemplado un eclipse de sol, las estrellas, la cara oculta de la luna...
Uno de sus tripulantes, Víctor Glover, creyente protestante, al explicar cómo veían La Tierra desde la nave habló de "la belleza de la Creación". Wiseman, el comandante de la misión, que no es religioso, cuando ya habían amerizado, al ver la cruz colgante que llevaba el capellán que los recibió, rompió a llorar en lágrimas.
Llora, llora, alíviate hombre, después de contemplar el universo, la Creación y "casi a su Creador", no se puede sino llorar, llorar de emoción, de haber sido un privilegiado, de arrepentimiento, y llorar de humildad ante la majestad que nos rodea. ¡Dichosos los que lloran! Decía el poeta: "Los suspiros son aire y van al aire/ las lágrimas son agua y van al mar/ dime, amor, cuando el amor se olvida/ ¿sabes tú adónde va?". Qué no se nos olvide el amor, qué no se nos olvide. Pero si pasara, el amor se va al Amor. Habría que volver a Él para recuperarlo, tenerlo y poder darlo.
La fe es algo muy común en La Nasa y está muy vinculada a su historia. Hasta hay una iglesia muy cercana a las instalaciones de La Nasa.
Ellos buscaban la cara oculta de la luna... pero voy a atreverme a decir lo que, en el fondo, estaban buscando, como nosotros, que hemos hecho la ruta de la vereda del fraile, como también los frailes franciscanos del convento... como los griegos del Evangelio que se dirigieron a Felipe: ¡Queremos ver a Jesús! Queremos ver el rostro de Dios.
Cuando Felipe se lo comunicó a Jesús, Éste le respondió: "ha llegado la hora en que el Hijo del hombre sea glorificado". "Cuando el Hijo del hombre sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia Mí". "Cuando el Hijo del hombre sea elevado de la tierra, sabréis que Yo soy". "Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti". Ahí está el enorme poder de atracción del Señor. Buscamos el rostro de Dios, vayamos a su costado abierto, a ese manantial de agua viva, ese manantial que mana Leche y Miel. No nos dejará defraudados.
Luego, hemos seguido la vereda, estrecha, con algunos cantos rodados, con algo de sudor por el esfuerzo y la humedad ambiental, pero en armonía, alegres y vivos. Hemos llegado al Quinto de San Martín. Y de ahí a los coches; bueno, primero ha habido que cambiar una rueda que se había pinchado... para mayor unidad.
Todos comentaban la belleza de la ruta, el buen tiempo, qué bonita mañana...
Gracias a Dios, a los que lo han organizado, a los que habéis venido...
Un fuerte abrazo
Texto e imágenes: Alfonso










