Sonseca volvió a reunirse un año más en torno a la memoria y el testimonio del beato Fray Gabriel de la Magdalena, hijo de esta tierra y mártir de Cristo en el Japón del siglo XVII.
El acto comenzó de la mano de David Moreno, presentador que nos invitó a viajar en el tiempo hasta aquella Sonseca que vio nacer y crecer al joven Gabriel hasta abrazar el hábito franciscano, recorriendo los lugares en los que se desarrolló la vida de uno de los hijos ilustres del pueblo.
La presidenta de la Hermandad de Fray Gabriel, Dña. Julia Garrido, expresó su gratitud a todos los que colaboran en las numerosas obras solidarias que, inspiradas en el ejemplo del beato, se realizan durante todo el año. Invitó también a los presentes a pedir la intercesión de Fray Gabriel con la esperanza de que pronto la Iglesia lo pueda reconocer como santo.
La alcaldesa de Sonseca, Dña. María Victoria Martín de San Pablo, recordó la importancia de ensalzar la figura del beato Fray Gabriel, mantener su memoria y transmitir su legado destacando la coherencia de su vida: fe profunda, y acción constante por amor a Cristo.
Este año, el honor del pregón recayó en D. Jesús Ruiz, sacerdote sonsecano y que actualmente ejerce su ministerio en el Santuario de San José de Talavera de la Reina. Con emoción compartió con los asistentes una biografía rica en detalles desconocidos para los asistentes.
Don Jesús recordó que Fray Gabriel fue declarado beato por morir mártir, dando su vida por Cristo. Este hecho reduce considerablemente los trámites habituales para que la Iglesia declare a alguien beato pero eso no significa que fray Gabriel no tuviera una vida cristiana ejemplar. El propósito de este pregón fue hacernos llegar la altura de vida espiritual que el beato tenía.
De joven ejerció como cirujano en Sonseca, siempre cercano a los necesitados. Más tarde abrazó la vida franciscana en la rama alcantarina, caracterizada por la pobreza extrema, la oración y el silencio. Movido por el testimonio de los mártires japoneses, San Pablo Miki y sus compañeros, decidió partir en misión sabiendo que probablemente no volvería debido a la situación constante de persecución a los cristianos. Desarrolló su labor en hospitales y casa particulares, curando a cristianos y gentiles y evangelizando, siendo muy querido por todos. Cuentan las fuentes que llamaba la atención por su humildad y su vida de piedad y oración incluso en las épocas en las que Dios le regalaba el éxtasis o la capacidad de poder desaparecer de un lugar y aparecerse en otro para ejercer la caridad. Durante toda su vida permaneció como hermano lego al servicio de sus hermanos religiosos.
En los tiempos de persecución, rechazó la posibilidad de huir a salvo y permaneció firme en Japón, con una confianza absoluta en Dios. Sus propias palabras, recogidas en las crónicas, siguen siendo hoy una inspiración: “El Señor ordene lo que necesite para su servicio” ; “Denos el Señor mucho de su divino amor porque llevemos su cruz con contento y alegría”.
Tras su martirio, después de grandes torturas para que renegara de su fe, sólo queda el rastro de su caridad puesto que sus cenizas fueron arrojadas al mar para que no quedaran reliquias.
El pregonero invitó a la comunidad a preparar ya el gran aniversario del IV centenario de su martirio en 2032, una ocasión para honrar su memoria y pedir con insistencia el milagro que abra el camino a su canonización.
El acto se completó con el espectáculo de danza Mundo: de Oriente a Occidente de la escuela de Laura Cerdeño, el recital poético de Angelines Gil Ballesteros y José Romero. En el primero de ellos el beato se nos presenta como la voz que consuela y en el segundo se recrea la despedida de fray Gabriel de su familia: me despido para amar.
El acto culminó con la tradicional limonada y frutos secos ofrecidos por la Hermandad.
Texto: Marta
Fotos: Salva Peces de S.



