
Un año más, el verano ha vuelto a estar marcado por una de las citas más esperadas por los niños y jóvenes de nuestra parroquia: los campamentos parroquiales. Dos destinos distintos, Corporales (León) y Casalgordo, pero un mismo objetivo: vivir unos días de convivencia, diversión y crecimiento en la fe bajo el lema que ha acompañado todas las actividades: «Él es mi salvación».
Durante estos días, decenas de niños y jóvenes han podido descubrir que las vacaciones también son un tiempo privilegiado para encontrarse con Dios, fortalecer las amistades y crear recuerdos que permanecerán para siempre.
El campamento de Corporales (León) reunió a 82 acampados y 16 monitores, acompañados por don Luis, nuestro vicario. Cada jornada estuvo dedicada a profundizar en una virtud cristiana —la esperanza, la fortaleza, la prudencia, la templanza, la justicia, la fe y la caridad—, ayudando a los participantes a descubrir cómo vivir el Evangelio en la vida cotidiana.
La ambientación de este año giró en torno al Mundial de fútbol, con diferentes países como protagonistas de las actividades, lo que dio un toque original y muy participativo a las jornadas. Como novedad, muchas de las pruebas se realizaron en grupos llamados «familias», formados por acampados de todas las edades, favoreciendo así el compañerismo y la ayuda mutua entre pequeños y mayores.
No faltaron las tradicionales gymkhanas, las veladas nocturnas, los juegos, los deportes y los momentos de convivencia. Entre las actividades más especiales destacó la elaboración de alfombras para la celebración del Corpus.
También hubo tiempo para compartir la emoción del partido de la selección española, que todos siguieron juntos en un ambiente festivo.

Quienes han participado coinciden en que el campamento es mucho más que unos días de ocio. Como resume uno de los acampados:
«Para mí, el campamento parroquial de Sonseca es el mejor campamento que existe. Todos los años tengo muchísimas ganas de que llegue porque siempre me lo paso genial. Lo mejor es que conoces a un montón de gente nueva y haces amigos que luego no se te olvidan. Los monitores son súper majos y siempre están pendientes de nosotros. Además, este campamento no es solo para pasarlo bien, también te ayuda a acercarte mucho más a Dios. Hay momentos de oración y de reflexión que hacen que vivas la fe de una forma diferente y muy bonita. Todos los días hacemos un montón de actividades, juegos, deportes y veladas. Siempre estamos haciendo algo y nos reímos muchísimo. En resumen, es una experiencia increíble que merece la pena vivir.»
Mientras tanto, el campamento celebrado en el albergue de Casalgordo, reunió a 13 niños y 9 monitores, también acompañados por don Luis. Aunque de un tamaño más reducido, compartió el mismo espíritu y el mismo lema: «Él es mi salvación».
La oración diaria y la celebración de la Eucaristía fueron el centro de cada jornada, acompañadas de gymkhanas, veladas y numerosas actividades preparadas con ilusión por los monitores. Como cada año hubo actividades sorpresa que es mejor no desvelar para que quienes participen en futuras ediciones puedan descubrirlas por sí mismos. Además, los participantes disfrutaron de alguna salida a la piscina, que ayudó a sobrellevar las altas temperaturas del verano.
Quienes regresaron de Casalgordo también lo hicieron con el corazón lleno de gratitud. Uno de los participantes resumía así su experiencia:
«Para mí, los campamentos parroquiales son la mejor parte del verano, porque vamos todos juntos, hacemos actividades muy chulas, conocemos a gente nueva y, lo más importante, estamos más cerca del Señor.»
Detrás de cada juego, de cada velada, de cada momento de oración y de cada sonrisa hay muchas horas de preparación y entrega por parte de los monitores, así como la presencia cercana de don Luis, que ha acompañado a los participantes ayudándoles a descubrir que Cristo camina con ellos también en medio de las vacaciones.
Desde la parroquia damos gracias a Dios por estos días compartidos y por todas las personas que hacen posible año tras año esta gran familia que son los campamentos parroquiales. Que los frutos sembrados durante este verano continúen creciendo en el corazón de todos los participantes y les ayuden a seguir viviendo con alegría la certeza que ha guiado estas jornadas: «Él es mi salvación».
Texto: Marta





