
Nuestra parroquia se alegra durante estos días con la acogida de las reliquias de los santos Luis Martin y Celia Guérin, cuya memoria celebra la Iglesia cada 12 de julio, padres de santa Teresita del Niño Jesús. No es una visita cualquiera. Es una invitación a abrir las puertas —no solo del templo, sino también de nuestras familias— a un testimonio vivo de amor cristiano.
Una historia sencilla… y extraordinaria
Tanto Luis como Celia sintieron en su juventud el deseo de consagrarse a Dios en la vida religiosa pero Él tenía otros planes para ellos. Luis y Celia fueron un matrimonio como tantos: trabajaron, educaron a sus hijos, afrontaron dificultades y vivieron alegrías. Sin embargo, hicieron algo decisivo: poner a Dios en el centro de su hogar. Ambos llevaron una intensa vida espiritual. Asistían a Misa diaria, oraban en forma personal y comunitaria, se confesaban con frecuencia y participaban en las actividades parroquiales.
Su vida no estuvo exenta de pruebas — la pérdida de cuatro de sus nueve hijos de los cuales sobrevivieron cinco niñas, la enfermedad y la muerte de Celia con 45 años, y el sacrificio por la crisis económica del momento —, pero en todo supieron confiar en el Señor. Así, su casa se convirtió en un verdadero lugar de fe.
Sus cinco hijas se consagraron más tarde a Dios en la vida religiosa.
El 18 de octubre de 2015, el papa Francisco los proclamó santos en el marco del Sínodo de la Familia, convirtiéndose en el primer matrimonio canonizado conjuntamente en la historia de la Iglesia. Este reconocimiento subraya que la vocación matrimonial y la vida ordinaria es un verdadero camino de santidad,
Un encuentro que transforma
Las reliquias de Luis y Celia peregrinan por el mundo desde hace años, llevando consigo un mensaje muy actual: Dios sigue actuando en la vida familiar.
Quien se acerca a venerarlas no realiza solo un gesto devocional, vive un encuentro. A través de las reliquias, los santos se hacen cercanos y acompañan nuestra vida con su intercesión.
Acoger pues las reliquias de este matrimonio santo es un regalo. Es una oportunidad para que nuestras familias se fortalezcan, para que los matrimonios renueven su amor y para que todos recordemos que la santidad está al alcance de la vida diaria.
Una gracia para nuestra parroquia
Así lo están viviendo algunas familias de la parroquia. Ellos han aceptado compartir su experiencia con todos nosotros:
- “Es un regalo de Dios poder tenerlas en casa y darles la bienvenida en familia.”
- “San Luis y santa Celia nos ayudan en el día a día”
- “Un matrimonio santo es inspiración para nuestro matrimonio.”
- “Es un regalo que nos acompañen, que nos alienten e intercedan por nosotros.”
- “Intentamos involucrar a toda la familia en esta visita. Vamos a Misa juntos para recogerlas, les explicamos a nuestros hijos quiénes son y qué son las reliquias de un santo, rezamos juntos en familia pidiendo a estos dos santos por nuestra familia, para que la protejan e intercedan por ella, hacemos nuestra oración conyugal con ellos y cada uno tiene un ratito personal ante ellas. La despedida también es en familia.”
- “Tener las reliquias de estos santos es una bendición para nuestra familia porque son un ejemplo, motivación y ayuda de que la santidad es para todos y de que con la gracia de Dios es posible. Esto es lo que queremos para nuestra familia: la santidad, llegar todos al cielo.”
Las reliquias de san Luis y santa Celia estarán con nosotros un tiempo todavía. Animamos a todos a acogerlas en casa o a venerarlas en la parroquia, ya que nos acompañan en cada eucaristía de la tarde, y a poner a nuestras familias bajo su protección.
Texto: Marta







