
En la víspera de la Navidad, cuando Sonseca comienza a prepararse para acoger el nacimiento del Niño Jesús, la parroquia volvió a abrir sus brazos —y sus sartenes— para compartir una de esas tradiciones sencillas que dicen mucho más de lo que aparentan: las migas parroquiales para todo el pueblo.
Desde primeras horas de la mañana, el ambiente ya anunciaba que no se trataba solo de cocinar. Entre bromas, recuerdos y olor a pan y ajos, varias generaciones se afanaban alrededor de los fuegos. Algunos llevan en esto toda una vida. “Yo empecé con mi padre, Paco. Yo tenía entonces 30 años y ya estaba aprendiendo para coger luego el relevo”, comentaba Carlos, uno de los veteranos. Desde entonces, año tras año, durante unos 30 años, la cita se repite con la misma ilusión.
Todos recuerdan con especial cariño a Paco, uno de los grandes impulsores de esta iniciativa junto con Germán, que disfrutaba enormemente preparando las migas para la parroquia. Tras él, sus hijos —Fernando y Carlos— continuaron la tarea, manteniendo viva una herencia que no es solo culinaria, sino profundamente comunitaria. “Esto no se puede perder”, repetían varios. Y no les falta razón: cada año se incorporan nuevos colaboradores, que, como dice Manolo, están aún “en primaria”, aprendiendo mientras ayudan. Algunos empezaron con Paco, mirando y probando las migas. Ahora ya cogen la pala. Ellos aseguran el relevo miguero para el futuro.
La jornada comenzaba, como no podía ser de otra manera, con una oración. Germán es el encargado de poner a todos en presencia de Dios, recordando que el sentido de estas migas no es cultural ni social sino el anuncio del nacimiento de Jesús y dando gracias por Francisco García de Blas y los que con él iniciaron esta tradición.
A partir de ahí, el trabajo se convirtió en servicio, como nos decía José, y encuentro. Germán, Manolo, Julián, su hijo Javier y José se ponen con los ajos mientras Fernando y Carlos comienzan a freír la carne.
Las cifras impresionan, pero hablan sobre todo de generosidad: 12 sacos de pan, 37 kilos de carne, 38 kilos de panceta y longaniza, 6 kilos de ajos y unos 15 litros de aceite de oliva virgen extra, del pueblo. Todo preparado con esmero para que nadie se quede sin su plato. A las migas se sumaron refrescos, vino y una limonada casera preparada por Ángel y Olga. Cada gesto cuenta.
Las migas son gratuitas. No se venden, no se cobran, “son un regalo de la parroquia”, explicaban con naturalidad algunos miembros del Consejo Económico Parroquial, encargados de la preparación material de todo lo necesario para que hoy esté todo listo, porque así se entiende el sentido de esta iniciativa: compartir. Compartir la alegría, el alimento, el tiempo y la vida.
El párroco, D. José Carlos, lo resumía con sencillez: “Cuando llegué ya me encontré esta tradición que empezó con D. José Talavera. Es un regalo de la parroquia para celebrar que Cristo nace, que estamos contentos y felices y queremos compartir esta alegría con todo el pueblo”. Es una manera concreta y cercana de hacer parroquia, de crear familia, de vivir la fe encarnada en gestos cotidianos.
Algunas personas llevan a los cocineros un detalle para ir sosteniendo la mañana: pan, vino, dulces. Y mientras, se suceden los relevos moviendo las migas. Aquí colabora todo el que llega.
El buen tiempo acompañó —a pesar de las previsiones de lluvia— y muchos lo interpretaron como un guiño del cielo. “El Señor nos ha regalado un día estupendo para disfrutar juntos”, comentaban entre risas, mientras el sol animaba la mañana y el calor de los fuegos reunía a amigos y familiares.
Los barreños de migas humeantes empiezan a salir a la plaza en manos de los integrantes del Consejo Económico Parroquial. Tras la bendición, tímidamente se acercan los primeros a probarlas. “Buenísimas, como siempre”. Lo siguiente es una gran fila para degustarlas. Los migueros respiran aliviados, parece que han salido bien. ¡Misión cumplida!
Y al terminar con las 1300 raciones, toca recoger. Todo se queda limpio para devolverlo al Ayuntamiento y a los que ponen sus utensilios al servicio de la iniciativa. Allí parece que no ha pasado nada pero ha pasado mucho. La parroquia volvió a anunciar la Navidad no solo con palabras, sino de forma festiva compartiendo la mañana en torno a las migas.
Texto: Marta
Fotos: Marta y Salva Peces de S.











